El cuento de cada día
Un día al despertar algo le impedía despegarse de las sábanas. Los problemas que acumulaba se habían convertido en kilos que la seputaban en la cama y ajaban su sonrisa como si pequeños pesos colgaran de la comisura de sus labios.
Al mirarse en el espejo no se reconoció. La mirada fría y analítica que se reflejaba no tenía nada que ver con la niña dulce que hace pocos días le saludaba desde el otro lado del marco. Esta personita la insultaba con cada gesto, criticaba cada movimiento y lo que es peor, tenía sobre ella la fascinación que ejerce el profesor experto sobre el anhelante alumno. Cada cruel palabra que vertía en su cerebro era estudiada por la brillante mente de la chiquilla que quería contentar a la imagen que encontraba delante de ella.
Su vida se convirtió en un diálogo. Se encerraba horas con su fría compañera para escuchar sus consejos. Sólo a ella podía llegar a contentar algún día, el mundo exterior se escapaba a su control y por mucho que hiciera los problemas no desaparecían. Nada depende de ti, salvo tu propio cuerpo.
Las llamadas de los amigos se iban reduciendo día a día, ya a nadie le importaba qué pasaba en aquel cuarto. La única voz que escuchaba se iba volviendo más cruel con el paso de las horas y ya nada le valía.
Ese día al levatarse quiso quitarse el peso de los problemas que la aplastaban, quiso contestar con un "yo puedo" a la mirada soberbia del espejo. Ese día al levantarse empezó a proyectarse en los demás y volverse popular. Cada día representaba su mejor papel pero en la soledad de su cuarto su imagen seguía sin estar satisfecha.
Los kilos se iban pero los problemas seguían. Se rompió el espejo pero cualquier reflejo le seguía gritando que su vida no era perfecta.

am_zoo dijo
Vaya título de blog más wagneriano.
9 Marzo 2007 | 11:48 AM